Si alguna vez, durante la noche o cerca del amanecer, has escuchado un silbido interminable, ese podría ser el sonido de las cigarras. Aunque quizás un poeta te diga que se trata del canto del viento que, atravesando sus cuerpos, indica peligro o expresa amor. Si alguien te dice algo así, puedes responderle que ese canto a veces parece más bien un grito desesperado, porque cuando se junta el sonido de muchas cigarras, estas son capaces de hacer un ruido tan fuerte como el de un avión.
Pero imaginemos, mejor, que hablas con un experto, un entomólogo. ¿Cómo son las cigarras?, muy probablemente él te responderá que cuándo. Lo que ocurre es que parece como si las cigarras vivieran muchas vidas. Cuando recién salen de su huevo, son como unos gusanillos, es decir unas larvas o ninfas, que viven debajo de la tierra. Pueden pasar ahí muchos años, en los que crecen y desarrollan un cuerpo grueso, cinco ojos y seis patas. Con ellas, escarban hacia la superficie del suelo, en donde muy pronto se convierten en adultas. Cuando son lo suficientemente grandes, ocurre algo maravilloso: una capa de su cuerpo se abre como si fuera una cáscara y deja salir a la nueva cigarra que ahora tiene dos alas transparentes por las se observan unas delgadas líneas, como las venas de las hojas. Esta última trasformación ha conmovido tanto a distintas culturas, que las hemos asociado con nuestra propia idea de que el tiempo cambia, a veces, de manera tan drástica, que es como si de un día a otro volviéramos a nacer. Si mañana alguien te preguntara cómo es una vida como la tuya o cómo es un cuerpo como el tuyo, ¿no crees que tú podrías responderle que eso depende de cuándo?